La noche
El silencio va rodando lentamente entre mis labios y ella se asoma a través de esta lámina fría que me separa de tus ruidos. ¡Loca ciudad!
Que me sometes a tus luces y a tus sombras, que me despiertas y me arrullas con ráfagas veloces, al pie danzante de púberes deseosos de gritar vida tras los volantes.
Mil veces faraona de mis sueños, reina de mis tormentos, sin tí vivir no puedo. Tu magia ciega juega en mis ojos y me hipnotiza deslizándome hasta tus asfaltos. Embrujo gris oscuro, gris ratón, gris de luces lejanas y refulgentes en habitaciones de pisos arriba, de pisos de más allá donde una chica se despide al teléfono y una mujer acompaña a su marido marchito consumiéndose escondido entre el humo del cigarro. Duermen los niños, nacen pasiones.
Todo calla. Todo parece esperar el próximo automóvil, la próxima corneta, las próximas llaves, el próximo perro.
Yo sigo detrás de esta fría ventana, viéndote, sumergiéndome en ti, respirándote, tragándote de una sola bocanada.
Llévame contigo sultana mía, piérdeme en tus espirales entre las hojas de los árboles, abandóname en el recodo del pico más agudo de aquel pájaro que se despierta en tu albor. No me dejes acá llena de nostalgia infinita, desangrándome en tu profundidad, con la muerte del sin amor y el olvido del sin cariño.
No me excluyas en pretextos de lluvia, no me mientas en labios de tránsito pesado. No llegues tarde.
Pon tus manos en mi cara, tapa mis ojos y hazme sentir que mi piel pertenece a tu urbanidad, desordenada, sin memoria, sin acervo, anónima, de paredes manchadas y cuerpos ficticios de silicón...
Luego de un largo después, solo así, me sentiré en paz.

mukuxla dijo
Congelaré el Instante.
16 Noviembre 2005 | 11:09 PM