Urbano http://transito.lacoctelera.net La calle sensorial: poesías de todos en una misma ciudad es-es Gastronomía http://s3.amazonaws.com/lcp/transito/myfiles/redzoneporredlabel_big_565x65.jpg Urbano http://transito.lacoctelera.net the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com Simplemente Igor http://transito.lacoctelera.net/post/2006/02/01/simplemente-igor 2006-02-01T13:37:18+00:00 Él se llama Igor y no pretendo intentar dedicarle en estas líneas la poesía de tanta gente que camina por estas calles cocteleras, no porque no se las merezca, sino porque la poesía que leo en sus ojos, que escucho en su voz, que siento de su piel, yo no la puedo superar...
Él se llama Igor y cuando pronuncio su nombre mi mirada se detiene y se pierde, mis párpados descienden lentamente y la emoción debajo de mis labios y el temblor tenue de mis manos y la humedad en el borde de las pestañas y la sensación de piel de durazno me atrapa toda en soledad conmigo y su imagen amable.
Él se llama Igor y le fallé tontamente, todos los días de mi vida, en cada gesto, le pido perdón de corazón, de acción, de pensamiento, de voz... te pido perdón, perdón, perdón...
Él se llama Igor y le veo con mis hijos y le veo en mi presente; le veo con su hijo y le veo en el futuro. Este es nuestro presente y nuestro futuro.
Él se llama Igor y el cariño no puede ser más amplio, ¿cuánto aire cabe en un respiro? ¿Cuánto más debo abrir los brazos para sentir que te arropo entero?
Él se llama Igor y yo sólo quiero entregarle este corazón, esta vida, y compartir con él lo que me queda...
Está a punto de perdonarme, Igor, tomará tiempo, pero sé, no por orgullo, que él sabe que lo amo y que esta vez es definitiva...
Tu nombre, Igor, tatuado estará en mi coxis, tus manos han tallado mi cuerpo y tu aroma se instaló hace tiempo... huelo a ti.
Él se llama Igor, Igor, Igor, Igor, Igor, Igor...

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El divorcio http://transito.lacoctelera.net/post/2005/12/13/el-divorcio 2005-12-13T03:33:47+00:00 Hoy he vuelto a verle, cada vez se ve más guapo y más sonreido. Cómo me alegra haber sido su esposa y ser tan amigos ahora, que los niños puedan soplar las velas con ambos y disfrutar de los actos del cole en compañía de mamá y papá.
Sé que jamás volveremos a ser pareja. ¡Somos tan distintos! Pero qué fortuna compartir con él nuestro par de hijos, qué fortuna poder llamarle y decirle lo mal o lo bien que me pueda sentir, qué alegría cuando los chicos me escuchan hablar del Super Héroe de papá...
Un divorcio no tiene por qué ser tan aterrador, es triste, es cierto, es duro, parece el frío del que hablaba laveron en su post de La Cola, pero cuando pasa, se decubren las maravillas que no podíamos en compañía: amigos a distancia, soledad acompañada de una misma, nuevos errores de los cuales aprender, tiempo para escribir y trabajar con mucha concentración y renovar la casa. ¡Qué bella mi casa como está quedando!
Son muchas las cosas que se extrañan, pero le doy la bienvenida a este mundo en solitario para crecer al compás de las letras, el día, la noche y la alegría de vivir tranquilamente.

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Ella http://transito.lacoctelera.net/post/2005/12/09/ella 2005-12-09T03:25:37+00:00 Una luz muy pequeña bajaba y subía lentamente en la oscuridad, como una luciérnaga de recorrido monótono, que quisiera escapar a tientas de una ventana a otra...
Llevaba tacones, siempre el pecho erguido, el cabello lacio y muy bien peinado, su vientre plano y senos puntiagudos la hacían ver como lo que era: una señora de edad, aunque humilde, muy pretenciosa, muy de mundo, muy dama.
Su rostro lo encontraba en las carátulas de los LPs de boleros que tanto le gustaba, se inspiraba en ellos cada noche para amanecer más hermosa, y lo lograba.
Su paso admirado jamás titubeó, nunca la vi llorar, elegante como siempre, aún en los momentos más turbios, su rostro era amable o duro, pero jamás triste.
Ella me inspiró.
Hoy, después de 78 años de edad, mi tía ha muerto y nunca la vi flaquear.
Ella, fumadora empedernida, mujer de alas de lluvia, de voz tajante y fresca sonrisa, nunca supo del odio y el rechazo, su agudeza en la mirada acusaba temor del breve. Siempre venía un abrazo al final.
Mi madre está mal, de 7 sólo quedan 3... ¿cuándo le tocará a ella?
Hay que tener dura la piel para recordarla y no llorar... te querré siempre, mi querida, mía, tú.

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Lo que me cuesta olvidar http://transito.lacoctelera.net/post/2005/11/09/lo-me-cuesta-olvidar 2005-11-09T14:40:41+00:00 Vivo en una ciudad llena de contrastes, como toda ciudad latinoamericana que apenas se descubre a sí misma, recién desnuda y medio maltratada, desesperanzada, ultrajada, pero rescatada por el humor y la improvisación de saberse apta para todo, hasta para levantarse de nuevo tras la explosión social. Realismo mágico, pero nuestro. Eso es lo que cuenta.
Yo no puedo pretender ser algo distinto a lo que es esta ciudad, no por el ultraje, sino porque una ciudad como esta puede parir gente tan disímil como yo, llena de dudas, de ganas, pero también con una enorme disposición a emocionarme. No pierdo entonces tampoco, mi capacidad para impresionarme.
A ratos pienso que me ha pasado de todo (a sabiendas de que es falso), pero lo de la otra noche fue arrollador, terrible y demasiado conmovedor.
Compartía la mesa con varios comensales que recién conocían mi país, y mis coterráneos y yo quisimos ofrecer una última noche de buena cena, buena conversa, agradecimientos mutuos y regalos que llevar a cada destino de regreso.
De pronto, dos niñas de 5 y 8 años aproximadamente, tal cual las edades de mis hijos varones, entraron intrépidamente al restaurante con los brazos llenos de flores para la venta y gritando que no les pegaran.
Unos ojos rodeados de negrísimas pieles me veían entre el llanto y el ayúdame por favor. Mi silencio me paralizó y observé por 7 segundos cómo los mesoneros del local tiraban de los brazos de estás chiquitas para sacarlas de allí.
Mi estómago es más o menos resistente, no lo sé. Más porque me impulsa a hacer las cosas, menos porque no aguanto estas escenas.
De pronto, mi actitud corporativa me abandonó y mi condición de ser humano, mujer y madre me hizo levantar de la silla y zafarlas de esta escena tan triste.
Tomé a la más pequeña y me abrazó tan fuerte que sentí su pequeño corazón palpitar dentro de mi, alzada en mis brazos la saqué del lugar y pronto rescaté a la otra que estaba debajo de la mesa, justo a los pies de mi silla. Logró adivinar que yo no le haría daño y aceptó mi mano tendida.
Al final, obviamente, hubo que comprarles flores.
Al final, me quedan dudas, preguntas, ansiedades, tristezas, melancolías… pero mucha, muchísima rabia.
No de sentirme engañada y pensar que fue una treta de ambas, entrenadas perfectamente para eso, ya tienen suficiente con estar nocturnamente recorriendo riesgos y exponiendo sus pequeñas humanidades desprotegidas de inocencia.
No de la pena que quedó flotando en el ambiente de los invitados y visitantes en mi país, total, cosas iguales o peores hemos visto en la tele o en los diarios.
No de la actitud de los mesoneros cumpliendo órdenes de un gerente que quiere proteger su negocio y su imagen, es una acción natural y no estamos entrenados para reaccionar ante tales situaciones.
Mi rabia y mi tristeza tienen que ver con el lugar común de la injusticia, con la intolerancia, con el verbo estúpido y sin sentido de la mayoría de nuestros gobernantes, de la arrogancia con que asisten a eventos internacionales, de la verborrea gastada, desgastada y trasnochada de quienes se autodenominan protectores ambientales, humanitarios, populares o qué se yo cuál nicho social.
Los odio, los odio profundamente, a cualquiera que se le ocurra pronunciar una sola voz defendiendo a los niños del mundo que mueren de hambre y a las mujeres ultrajadas, los odio si osan decir que no duermen por encontrar la cura del Sida, los odio si entre trago y trago o aeropuerto y aeropuerto, sus pensamientos preocupados por las guerras en Medio Oriente o Europa Central los desconcentra del último best seller gerencial.
No los perdonaré jamás.
Hijos: perdónenme por haberles prometido una mamá sin odios en el corazón, sin reproches, pero los ojos de esas niñas eran iguales a los de ustedes.

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Pasión flamenca: un tributo http://transito.lacoctelera.net/post/2005/10/26/pasion-flamenca-tributo 2005-10-26T22:50:10+00:00 Que me perdonen mis amigos españoles, pero esta venezolana siente una pasión absoluta y desenfadada por el flamenco y todo lo que lo rodea. Tempranamente, Camarón llegó a mis oidos como un murmullo de medianoche y hasta el día de hoy, mi sensualidad se despierta hasta dejarme hecha jirones contra la pared cada vez que me empuja el hombro su voz.
Más tarde vino Rosario y se burló de mi concepto del flamenco, cuando me dijo cómo aullaba su gato y los "sabores" del romance con acento andaluz, para ahora terminar llenándome de flores la vida.
Por acá han pasado muchos, con mayor o menor ruido, con más o menos apego a lo clásico o a la fusión: Martirio, Joaquin Cortés, Alejandro Sanz, la misma Rosario y por ahí se acerca Farruquito...
Yo, para ahogar este deseo más añejo por ancestro perdido y desconocido, me pierdo en las calles con los vidrios arriba y vivo mi mundo musical sintiéndome sobre el tablao.
Voy saliendo a mi clase de flamenco, hace menos de un año intento dar los pasos y durante dos horas semanales vivo mi pasión yo solita, sudo, me libero, me transporto, vivo, me desnudo internamente y siento que mi cuerpo se desdobla en todos sus sentidos cuando dibujo espirales en el aire con manos, piernas y brazos.
Quiero bailar, quiero bailar, quiero desplegarme vestida de negro y que mis oidos no escuchen otra cosa que el taconeo de mis pies siguiendo el ritmo en seis tiempos.
Gracias ESPAÑA por traerme en esos barcos esta parte de ti.
P.S. Por cierto... ¿cuándo vendrá Ketama a Venezuela?

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Otra vez http://transito.lacoctelera.net/post/2005/10/24/otra-vez 2005-10-24T22:26:21+00:00 Nuevamente sentada a solas, con el silencio de la ciudad que se me hace grande, cobijándome, extrañándote, con el juego repetido en los labios del no otra vez. Y sí otra vez, esta vez sí.
Espero el día en que me baste sola, el día que no me faltes, en que la palabra extrañar refiera a un postre en la dieta de la semana, una playa acogedora a las 3 de la tarde en la oficina, un vaso de agua luego de la caminata, una pelota olvidada en casa al llegar al parque... eso sería suficiente extrañar. Pero no tus besos, no tu piel, no tu voz, no tu mirada, no tu presencia en esta vomitada noche de tanto extrañar-te.

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La noche http://transito.lacoctelera.net/post/2005/10/24/la-noche 2005-10-24T14:15:45+00:00 El silencio va rodando lentamente entre mis labios y ella se asoma a través de esta lámina fría que me separa de tus ruidos. ¡Loca ciudad!
Que me sometes a tus luces y a tus sombras, que me despiertas y me arrullas con ráfagas veloces, al pie danzante de púberes deseosos de gritar vida tras los volantes.
Mil veces faraona de mis sueños, reina de mis tormentos, sin tí vivir no puedo. Tu magia ciega juega en mis ojos y me hipnotiza deslizándome hasta tus asfaltos. Embrujo gris oscuro, gris ratón, gris de luces lejanas y refulgentes en habitaciones de pisos arriba, de pisos de más allá donde una chica se despide al teléfono y una mujer acompaña a su marido marchito consumiéndose escondido entre el humo del cigarro. Duermen los niños, nacen pasiones.
Todo calla. Todo parece esperar el próximo automóvil, la próxima corneta, las próximas llaves, el próximo perro.
Yo sigo detrás de esta fría ventana, viéndote, sumergiéndome en ti, respirándote, tragándote de una sola bocanada.
Llévame contigo sultana mía, piérdeme en tus espirales entre las hojas de los árboles, abandóname en el recodo del pico más agudo de aquel pájaro que se despierta en tu albor. No me dejes acá llena de nostalgia infinita, desangrándome en tu profundidad, con la muerte del sin amor y el olvido del sin cariño.
No me excluyas en pretextos de lluvia, no me mientas en labios de tránsito pesado. No llegues tarde.
Pon tus manos en mi cara, tapa mis ojos y hazme sentir que mi piel pertenece a tu urbanidad, desordenada, sin memoria, sin acervo, anónima, de paredes manchadas y cuerpos ficticios de silicón...
Luego de un largo después, solo así, me sentiré en paz.

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¿Y si se va la luz? http://transito.lacoctelera.net/post/2005/10/24/ay-si-se-va-luz- 2005-10-24T13:52:46+00:00 La ducha es mi lugar favorito, allí me despido de tristezas, canto desenfadada, me consiento, me inflo de feminidad, juego conmigo, dejo entrar la luz del sol, escucho el cantar de las aves del árbol cercano y me burlo a solas del acostumbrado voyeurista que se asoma desde la ventana.
Ayer me atrapó un temor: ya en ocasiones he sufrido despedirme del apetito en un aburrido sandwich porque mi cocina funciona con electricidad, sin contar el resto del infortunio, pero ¿y si se va la luz? ¿y sin un día a alguien se le ocurre desconectarnos? No wireless, no satélite, no nada?
¿Dónde quedarán estas líneas? ¿Dónde el buen sabor del escribir? ¿Quién las secuestrará? ¿En qué remota biblioteca las guardará?
Mientras tanto, reviso la falda que me pondré y el anillo que le combine. Mientras tanto me harto de poesía y de la calle, del ruido de los motores y la gratitud porque mi urbanidad está llena de verde también.

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Manual para aprender a e-escribir http://transito.lacoctelera.net/post/2005/10/23/manual-aprender-e-escribir 2005-10-23T21:09:20+00:00 Seguro se pone de moda, no lo dudo. García Márquez dijo por ahí que la premisa era aprender a escribir, esa es la plataforma para cualquier medio, digital o análogo.
Ahora bien, Ramón Salaverría, referencia permanente para mí y de quien me declaro eterna y distante enamorada (y no es de los mayores, así que aprovéchenlo que es bien jovencito y español) acaba de publicar su último libro que ofrece una guía sobre cómo enfrentarnos a esta nueva onda digital.
Redacción periodística para internet, dividido en cuatro sencillos capítulos, pareciera ser una de las herramientas que bien nos pudiera ayudar a transitar mejor por estas calles virtuales.
Espero que llegue pronto a Venezuela, tierra de aves.

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Paseando http://transito.lacoctelera.net/post/2005/10/22/aunque-nace-la-calle-poesia-urbana-llena-ruidos 2005-10-22T21:36:17+00:00 Aunque nace de la calle, la poesía urbana llena de ruidos, grises, voces y un sin fin de elementos sensoriales, puede necesitar de un paseo a la playa, lleno de naranjas y verdes.
Este paseo lo hago, me detengo a nutrirme de otros para seguir avanzando.
¡Ahora descubro que los weblogs también se analizan! Recuerdo mis clases de análisis cinematográfico donde desmembrábamos como ranas en laboratorios las realizaciones de los grandes, medianos o mediocres creadores fílmicos del mundo.

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