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La Coctelera

Urbano

La calle sensorial: poesías de todos en una misma ciudad

Categoría: Para leer de noche

26 Octubre 2005

Pasión flamenca: un tributo

Que me perdonen mis amigos españoles, pero esta venezolana siente una pasión absoluta y desenfadada por el flamenco y todo lo que lo rodea. Tempranamente, Camarón llegó a mis oidos como un murmullo de medianoche y hasta el día de hoy, mi sensualidad se despierta hasta dejarme hecha jirones contra la pared cada vez que me empuja el hombro su voz.
Más tarde vino Rosario y se burló de mi concepto del flamenco, cuando me dijo cómo aullaba su gato y los "sabores" del romance con acento andaluz, para ahora terminar llenándome de flores la vida.
Por acá han pasado muchos, con mayor o menor ruido, con más o menos apego a lo clásico o a la fusión: Martirio, Joaquin Cortés, Alejandro Sanz, la misma Rosario y por ahí se acerca Farruquito...
Yo, para ahogar este deseo más añejo por ancestro perdido y desconocido, me pierdo en las calles con los vidrios arriba y vivo mi mundo musical sintiéndome sobre el tablao.
Voy saliendo a mi clase de flamenco, hace menos de un año intento dar los pasos y durante dos horas semanales vivo mi pasión yo solita, sudo, me libero, me transporto, vivo, me desnudo internamente y siento que mi cuerpo se desdobla en todos sus sentidos cuando dibujo espirales en el aire con manos, piernas y brazos.
Quiero bailar, quiero bailar, quiero desplegarme vestida de negro y que mis oidos no escuchen otra cosa que el taconeo de mis pies siguiendo el ritmo en seis tiempos.
Gracias ESPAÑA por traerme en esos barcos esta parte de ti.
P.S. Por cierto... ¿cuándo vendrá Ketama a Venezuela?

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24 Octubre 2005

Otra vez

Nuevamente sentada a solas, con el silencio de la ciudad que se me hace grande, cobijándome, extrañándote, con el juego repetido en los labios del no otra vez. Y sí otra vez, esta vez sí.
Espero el día en que me baste sola, el día que no me faltes, en que la palabra extrañar refiera a un postre en la dieta de la semana, una playa acogedora a las 3 de la tarde en la oficina, un vaso de agua luego de la caminata, una pelota olvidada en casa al llegar al parque... eso sería suficiente extrañar. Pero no tus besos, no tu piel, no tu voz, no tu mirada, no tu presencia en esta vomitada noche de tanto extrañar-te.

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24 Octubre 2005

La noche

El silencio va rodando lentamente entre mis labios y ella se asoma a través de esta lámina fría que me separa de tus ruidos. ¡Loca ciudad!
Que me sometes a tus luces y a tus sombras, que me despiertas y me arrullas con ráfagas veloces, al pie danzante de púberes deseosos de gritar vida tras los volantes.
Mil veces faraona de mis sueños, reina de mis tormentos, sin tí vivir no puedo. Tu magia ciega juega en mis ojos y me hipnotiza deslizándome hasta tus asfaltos. Embrujo gris oscuro, gris ratón, gris de luces lejanas y refulgentes en habitaciones de pisos arriba, de pisos de más allá donde una chica se despide al teléfono y una mujer acompaña a su marido marchito consumiéndose escondido entre el humo del cigarro. Duermen los niños, nacen pasiones.
Todo calla. Todo parece esperar el próximo automóvil, la próxima corneta, las próximas llaves, el próximo perro.
Yo sigo detrás de esta fría ventana, viéndote, sumergiéndome en ti, respirándote, tragándote de una sola bocanada.
Llévame contigo sultana mía, piérdeme en tus espirales entre las hojas de los árboles, abandóname en el recodo del pico más agudo de aquel pájaro que se despierta en tu albor. No me dejes acá llena de nostalgia infinita, desangrándome en tu profundidad, con la muerte del sin amor y el olvido del sin cariño.
No me excluyas en pretextos de lluvia, no me mientas en labios de tránsito pesado. No llegues tarde.
Pon tus manos en mi cara, tapa mis ojos y hazme sentir que mi piel pertenece a tu urbanidad, desordenada, sin memoria, sin acervo, anónima, de paredes manchadas y cuerpos ficticios de silicón...
Luego de un largo después, solo así, me sentiré en paz.

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Sobre mí

Pretender decir que soy poeta es una autodeterminación antipática. Sólo soy una conductora que disfruta de este viaje citadino, veo, me río, me detengo, me sorprendo, subo el volúmen de la radio y me conmuevo. Te espero en este rincón.

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